martes 1 de septiembre de 2009

Recuerda

De repente despertó. No conocía su ubicación espacio temporal, sólo sabía que por alguna razón estaba triste. Comenzó a caminar.
Las nubes lo cubrían todo, iba a llover. No tardó el cielo en despedir gotas frías que de a poco se hicieron sólidas. La tierra, demasiado arruinada como para ser fértil, poco a poco se tiñó de blanco. Y él seguía caminando.
¿Hacia dónde iba? ¿Qué buscaba? Es que parecía una estupidez, no había rastro de pueblos o personas en por lo menos 10 kilómetros a la redonda, sólo se divisaban cerros a lo lejos. Súbitamente, aquellos se transformaron en su objetivo.
Era cada vez más difícil llegar, la nieve nublaba la vista, el frío calaba hondo en los huesos y las piernas ya pedían un respiro. Pero la mente supera a todo eso, la voluntad si se quiere es indestructible, pasa por encima de cualquier oponente.
Pasaron las horas y ya la altura de los cerros se iba sintiendo, los jadeos se hacían constantes y la temperatura bajaba. De pronto, un alto. Se dio vuelta y sus ojos olvidaron el sueño que se gestó en la caminata. Las nubes se abrieron y el sol se posaba en los campos helados, ordenándoles que volvieran a la vida. Así lo hicieron, el verde volvía a esa tierra estéril y los animales salían de sus escondrijos.
En ese momento recordó todo. Simplemente había olvidado la grandeza de este mundo, las maravillas de la naturaleza, y que él mismo estaba sumido en un letargo por haberse mecanizado y endurecido, la rutina y la ciudad lo tuvieron muerto en vida.
Ver al mundo desde arriba lo hizo sentir vigoroso otra vez, el sentimiento volvía y se hacía manifiesto, las lágrimas brotaban ya no del cielo, pero sí de los ojos; todo era perfecto.
Ya no estaba triste, volvió a caminar sin destino.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No se porqué, pero me tinca que hay una mujer relacionada con el sol. Creo que el cambo de estar triste a estar feliz, podrías haberlo hecho más largo y más tenso, pero me encantó, simplre y preciso. Que suerte que veas el sol, el resto y yo seguimos muertos por la rutina, ¡sálvanos!

Anónimo dijo...

catu, duh!

Pablo Melo dijo...

Y puede ser una mujer, el tiempo confirmará o rebatirá la validez de esa teoría...