He vuelto. Fue una semana y media intensa, en que experimenté de todo un poco: frustración, alegría, pena, jolgorio, en fin.
Días fríos, que por momentos entumían los huesos, pero cuyas sensaciones pasaban a un segundo plano a la hora de hacer fuerza y fijar la mente en el objetivo final: tirar para arriba la vida de una familia.
Ver y sentir el regocijo de la gente por la que se está haciendo algo es un goce infinitamente superior a los que uno está acostumbrado en la vida diaria, una cerveza fría en verano no alcanza al martilleo y el barro en la cara mientras te llaman para disfrutar de una sopaipilla casera.
¿Quién se imaginaría que yo dijera eso? Un número de seguro bastante reducido.
Junto con lo anterior, siempre es placentero acoplarse a un grupo de completos desconocidos y hacer buenas migas con ellos, al punto que llegan a hacer falta en cierto momento del día.
Lo reconozco, me gustaría volver en el tiempo y seguir allá lejos, donde un cigarro, mañanero o nocturno, era acompañado por gente que con pocos días se logra apreciar.
Una lástima tener que esperar hasta el verano para repetir la experiencia, me pican los dedos por agarrar kilos de madera y remover barro, y mi cabeza me pide que vuelva a pensar una frase: "buen trabajo".
1 comentarios:
Fue lindo leer esto Pablo... q bueno q eso haya significado para ti... ojalá sea sólo el comienzo de tu paso por trabajos.
Ari
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